

















EL 2012
Muchos hemos leído
o escuchado por algún medio de comunicación acerca del año
2,012, y se empieza a especular mucho al respecto, de hecho han salido varias
películas basadas en las diversas teorías de científicos
que han estudiado lo escrito de estos acontecimientos en las múltiples
culturas del mundo, pero ninguna ha sido tan impactante como la creadora
del código DRESDEN.
La cultura Maya con sus registros desde antes del natalicio de nuestro salvador
Jesucristo, dejaron un legado de información para las culturas futuras
de este planeta y que han desatado una controversia que empieza cada día
atener mas auge del que se pueda imaginar.
A continuación presentamos una pequeña recopilación
hecha en diversas páginas de internet que hablan al respecto, para
que nuestro lector saque sus propias conclusiones.
Según algunas creencias New Age el año 2012 estaría
destinado a ser un gran año de transformación. Existe desacuerdo
entre los creyentes sobre si en el año 2012 tendrá lugar el
fin de la civilización, o si en cambio la humanidad se elevará
a un nivel superior.[1] No hay evidencia científica de ningún
tipo que soporte estas creencias. Numerosas fuentes esotéricas interpretan
la finalización del décimotercer ciclo B'ak'tun en la cuenta
larga del calendario maya (que ocurre el 21 de diciembre según la
correlación más confiable) como indicación de que tendrá
lugar un cambio importante en el orden mundial.
El astrólogo John Jenkins ha afirmado que en esta fecha, se producirá
una "conjunción muy cercana del Sol durante el solsticio de
invierno del hemisferio norte con el punto de cruce del ecuador galáctico
y la eclíptica", un evento que no se volverá a repetir
en miles de años.[1] [2]
Varios autores han publicado libros en los que proclaman que en el año
2012 ocurrirá un gran evento que transformará al mundo:
* En el libro El código secreto de la Biblia publicado en 1997, Michael
Drosnin afirma que de acuerdo a ciertos algoritmos del código secreto
de la Biblia, un asteroide o un cometa chocarán contra la Tierra.
* En el libro 2012: The Return of Quetzalcóatl publicado en el 2006,
Daniel Pinchbeck discute varias teorías de un despertar mundial a
una "conexión psíquica" que ocurriría en
el año 2012, creándose una noosfera.
LOS RESULTADOS
DE LA ASTRONOMÍA MAYA EN EL CÓDICE DE DRESDEN Y LA CORRELACIÓN
ENTRE LOS SISTEMAS MAYA Y CRISTIANO DE DATAR
L a avanzada cultura de los mayas se ha venido conformando por una compleja
síntesis de diversas corrientes de culturas que se basaban en el fondo
de la agricultura local, influido conjuntamente por el impacto de valores
culturales provenientes de regiones fuera de los asentamientos mayas. Su formación
data de la llamada primera fase del período inicial clasificado como
período entre los a os 1500 y 800 A. C. y, de manera paulatina iba
extendiéndose en los territorios de Guatemala, sureste de México,
Belice, El Salvador y Honduras. Hacia el exterior, el auge económico
y cultural se manifestaba a través de la construcción de amplias
y magníficas ciu- dades-templos, el uso de la propia escritura hieroglífica,
sus éxitos en astronomía, la existencia de la literatura y el
desarrollo de los oficios y el comercio.
Uno de los problemas serios en el estudio de la evolución de la cultura
maya consiste en datar su transcurso y tiene que ver con la correlación
entre los sistemas de datar mayo y el nuestro, cristiano. Actualmente, para
estos fines, se utiliza la correlación Goodman - Martínez -
Thompson. Según ella, a las fechas mayas que expresan la cantidad de
días pasados desde la fecha de partida hasta la fecha que ha de datarse,
se suma un coeficiente fijo de 584 284 días con lo cual se transforman
en los llamados días julianos que según tablas de conversión
se adaptan a nuestro sistema de datar.
Para calcular la correlación entre los sistemas de datar maya y cristiano
resulta importante ante todo el Códice de Dresden, uno de los pocos
libros mayas conservados en manuscrito. Las datas del calendario maya que
contiene, son el resultado de las observaciones o cálculos astronómicos.
Uno de los primeros en darse cuenta de este hecho fue E. Förstemann (1880,
1892). El advirtió las tablas de la visibilidad del planeta Venus.
Su análisis fue realizado por J. E. Teeple (1926). Las tablas de eclipse
fueron estudiadas por M. Meinshausen (1913), C. E. Guthe (1921) y H. Spinden
(1930). En muchas datas mayas, R. W. Willson (1924) suponía que podían
tener relación con la observación de Marte, Júpiter y
Saturno. Estos científicos, aparte de muchos otros, trabajaron con
las fechas mayas utilizando el coeficiente de conversión de 584 284
días según la correlación de Goodman - Martínez
- Thompson, o intentaron calcular su propio coeficiente. Por esta razón,
sus resultados discrepan.
Partiendo de nuestros cálculos, nosotros somos de la opinión
que la correlación de Goodman - Martínez - Thompson que se utiliza
en la actualidad para la conversión de datas mayas en el sistema cristiano,
no es correcta. Para poder afirmarlo ofrecemos la prueba de utilizar dos datas
mayas del Códice de Dresden referentes a fenómenos astronómicos
importantes que han sido correctamente determinados por los investigadores
científicos arriba mencionados. Es la data maya de 1 412 848 días,
a la cual se suman efemérides de eclipse indicadas en las tablas que
acompa an esta fecha. Utilizando la correlación Goodman - Martínez
- Thompson, la fecha considerada corresponde al 7 de noviembre de 755 cuando,
sin embargo, no se produjo ningún eclipse solar o lunar. Al segundo
data maya de 1 364 360 días se suman efemérides de la visibilidad
de Venus. Indica el momento en el cual el planeta seis u ocho días
después de la conjunción inferior con el Sol, apareció
por primera vez en el cielo matutino como Lucero del alba (Lucero Matutino),
poco antes de salir el Sol. Utilizando la correlación Goodman - Martínez
- Thompson, esta fecha correspondería al 5 de febrero de 623. Ese día,
Venus se encontraba tan sólo 15 días antes de la conjunción
inferior con el Sol y brillaba en el cielo como Lucero de la tarde (Lucero
Vespertino). Error de más de veinte días es algo que los mayas
no hayan podido cometer observando ese planeta.
Esos ejemplos manifiestan que la correlación Goodman - Martínez
- Thompson no puede ser utilizada en datas referentes a fenómenos astronómicos
reales y por eso hemos intentado determinar una nueva correlación partiendo
de las datas mayas del Códice de Dresden así como de algunas
inscripciones en las ciudades-templos, en los cuales, a base de análisis
estadísticos, supusimos que se referían a uno de los fenómenos
astronómicos más importantes, a saber: la observación
de los equinoccios y los solsticios durante el a o trópico.
Piedras Negras......1 379 662 días (por cinco) = ano trópico
Quiriguá ...........1 401 577 días (por cinco) = ano trópico
Copán ..............1 415 637 días (por ocho) = ano trópico
Códice
de Dresden...1 364 360 =
Venus visible por primera vez como Lucero Matutino en en el cielo al alba
después de la conjunción inferior con el Sol.
Códice de Dresden...1 412 848 días = eclipse del Sol o de la
Luna.
Con la ayuda de esas fechas mayas escogidas y programas para calcular la posición
de los planetas en la eclíptica, del Sol, la Luna y la Tierra, en el
ordenador electrónico hemos establecido algunos coeficientes para convertir
las datas mayas en el sistema cristiano. Se trata de los siguientes: 530 584
días, 600 070 días y 622 261 días. Este último
de 622 261 días nos parece el más probable. Las datas mayas
cuando se le suma el coeficiente, se convierten en días julianos y
esos a continuación en el sistema cristiano corriente de datar mediante
días, meses y a os. En todas las datas del Códice de Dresden
nos han salido conclusiones concretas y, muchas veces muy interesantes, respecto
a las observaciones o cálculos astronómicos. En el XIIdo congreso
mundial de prehistoria y protohistoria, celebrado entre los días 1
y 7 de septiembre de 1991 en la capital de la República de Eslovaquia,
Bratislava, hemos presentado la publicación sobre el nuevo coeficiente
de conversión del valor de 622 261 días. Todos los programas
necesarios que tienen que ver con los cálculos de los fenómenos
astronómicos nos han sido facilitados por el ingeniero Jan Vondrák,
doctor en ciencias del Instituto Astronómico de la Academia Checa de
Ciencias, por lo cual se merece nuestro profundo agradecimiento.
Las observaciones astronómicas cuyos resultados quedan inscritos en el Códice de Dresden,han sido efectuadas a través de métodos de medición bastante sencillos. Los astrónomos mayas desconocían los cálculos con números decimales. Es una falta que representa un gran inconveniente para hacer los cálculos de fenómenos periódicos observados en el cielo, y los mayas lo eliminaban utilizando números grandes. Por ello es indispensable investigar los fenómenos registrados desde el punto de vista estadístico, respetando las incorrecciones inevitables en los datos de partida, en particular en el caso de fenómenos celestes, probablemente calculados hacia el pasado y hacia el futuro en el curso de varios siglos. Al convertir las datas mayas en el sistema cristiano con ayuda de nuestro coeficiente del valor de 622 261 días, en todas hemos logrado determinar sus importancias astronómicas que tienen que ver con la observación de la visibilidad de los planetas y sus conjunciones, el transcurso del a o trópico, a saber: determinar los equinoccios, solsticios y eclipses del Sol. Limitados en tiempo, lamentablemente no podemos realizar aquí un análisis detallado de todas las datas mayas indicadas en el Código, ante todo de las tablas matemáticas que contienen múltiplos de varias constantes numéricas básicas, las cuales se utilizaban para calcular las revoluciones sinódicas de los planetas y la duración del a o trópico.
El Códice
de Dresden se divide en páginas que numeramos tanto acorde con la versión
antigua fijada por E. Förstemann (F) como acorde con la más nueva
utilizada por Yu. V. Knorozov (D). Paréntesis en algunas datas significan
que éstas no son expresadas directamente por la cantidad de días
pasados, sino que se derivan según las reglas del llamado círculo
calendario, compuesto por la combinación de los ciclos santo (sacro)
de 260 días con el astronómico de 365 días.
En la página F 24 (D 24) del Códice de Dresden son indicadas
las datas mayas en esta forma:
A) 1 366
560 días C) (1 397 640 días)
- 2 200 - " -
B) 1 364 360 días
A la data B) se suman los múltiplos de 2 920 días. Es el período
típico que comprende la convergencia de 5 revoluciones sinódicas
de Venus (observadas desde la Tierra), 13 revoluciones sidéreas (el
tiempo real de la revolución del planeta alrededor del Sol) paralelas
con 8 a os trópicos. Después de ese período, Venus, con
diferencia de dos días, nuevamente sale o se pone en el mismo lugar
del cielo con los mismos astros en su fondo. Las datas mayas B) y C) representan
el momento en el cual el planeta, tras algunos días de quedar invisible,
por primera vez brilla en el cielo al amanecer como Lucero Matutino poco antes
de la salida del Sol. En el tiempo que quedaba invisible se encontraba en
la conjunción inferior con el Sol.
1 364
360 días (27 de enero de 727)
Venus - 8 días después de la conjunción inferior. Sale
por la manana como Lucero Matutino, 56 minutos antes de salir el Sol.
1 397 640 días (ll de marzo de 818)
Venus - 5 días después de la conjunción inferior. Sale
por la manana como Lucero Matutino, 35 minutos antes de salir el Sol.
Entre las dos datas iniciales (A y B) en el texto maya queda indicado el intervalo
de 2 200 días que es típico para la posibilidad de repetirse
posiciones mutuas idénticas entre Mercurio, la Tierra y el Sol. Comprende
19 revoluciones sinódicas y 25 sidéreas del planeta, que realizan
el encuentro al cabo de 6 a os trópicos. Después de ese tiempo,
Mercurio sale o se pone en el mismo lugar del cielo, aproximadamente el mismo
día del a o. Los astrónomos mayas conocieron la misma ley cíclica
en el caso de Venus, donde cada 2 920 días se repite ese proceso.
Observar Mercurio resulta muy difícil. Su órbita alrededor del
Sol crea una elipse excéntrica con una revolución sinódica
media, observada desde la Tierra, de 115,877 484 días. Gracias a su
excentricidad, la rapidez del planeta en los diversos trayectos resulta diferente,
y es por ello, que las revoluciones sinódicas individuales varían
de 104 a 132 días. Mercurio se halla bastante próximo al Sol
y este hecho es la razón por la cual su propio esplendor queda tapado
por el brillo deslumbrante del Sol. Por este motivo, los astrónomos
mayas podían observarlo únicamente en momentos cuando se encontraba
a la mayor distancia angular del Sol en el curso de su revolución (es
la llamada elongación). Puede tratarse de la elongación occidental,
durante la cual Mercurio sale por la ma ana en el horizonte algunas decenas
de minutos antes del Sol, y puede tratarse de la elongación oriental,
cuando Mercurio puede observarse por breves momentos inmediatamente tras el
ocaso del Sol. Las extremas distancias angulares del planeta al Sol suelen
oscilar entre 18o y 23o. La máxima inclinación de 27o 49 se
produce en el instante cuando esa elongación observada desde la Tierra
transcurre durante la mayor elongación de Mercurio al Sol, que sucede
una vez durante su revolución sidérea (87,9693 días)
en su órbita excéntrica. En su mayor cercanía al Sol,
la máxima distancia angular al Sol observada desde la Tierra, representa
solamente 15o 55 . Durante las máximas elongaciones como si el planeta
estuviera inmóvil unos 4 ó 6 días. Su distancia angular
al Sol varía sólo poquísimo, así que este movimiento
fue muy difícil de averiguar por los métodos de observación
que conocían los astrónomos mayas. Es por ello que su determinación
de elongaciones de Mercurio oscilan dentro del ámbito del susodicho
error.
La inscripción de las datas mayas indicada en el Códice de Dresden
describe simultáneamente la máxima elongación de Mercurio
en el momento, cuando se encontraba cerca de la mayor distancia al Sol y se
le podía observar mejor.
1 366 560 días (4 de febrero de 733)
- Mercurio
en la elongación occidental con la distancia angular al Sol de 27o.
Por la manana salía 97 minutos antes del Sol. La Luna llena.
2 200 días
19 revoluciones sinódicas, 25 sidéreas, paralelas (convergentes)
con 6 anos trópicos.
1 364 360 días (27 de enero de 727)
- Mercurio en la elongación occidental con la distancia angular al
sol de 26o. Por la manana salía 98 minutos antes del Sol. La Luna nueva.
Es realmente digno de atención ver cómo los astrónomos
mayas observaban la visibilidad de Mercurio, ya que las condiciones para ello
resultan muy desfavorables. Merece nuestra admiración su conocimiento
del período de 2 200 días, en el cual se produce el paralelo
(la convergencia) de revoluciones sinódicas y sidéreas con el
a o trópico.
En la página F 43 (D 72) del Códice de Dresden figuran dos datas
que describen también la elongación máxima de Mercurio
que, al mismo tiempo, se refiere nuevamente a otros fenómenos planetarios.
En el Códice de Dresden con frecuencia observamos los esfuerzos de
los astrónomos mayas por buscar vínculos entre los fenómenos
individuales en el cielo y ponerlos en correlaciones expresadas matemáticamente
en números naturales. Entre dos datas descritos a continuación
queda expresado el intervalo de 352 días, en número entero que
representa el múltiplo común más bajo de 3 revoluciones
sinódicas y 4 revoluciones sidéreas de Mercurio. Tras ese tiempo,
el planeta vuelve a encontrarse en el mismo lugar del cielo, en este caso
en la esfera de la máxima elongación del Sol, la mejor posición
para ser observado.
1 435 980 días (27 de febrero de 923)
- Mercurio en la elongación occidental con la distancia angular al
Sol de 25o. Por la manana salía 77 minutos antes del Sol.
- 352 días
Paralelo (convergencia) de 3 revoluciones sinódicas con 4 sidéreas
de Mercurio.
(1 435 628) días (12 de marzo de 922)
- Mercurio en la elongación occidental con la distancia angular al
Sol de 27o. Por la manana salía 80 minutos antes del Sol. El equinoccio
de primavera con error de 4 días menos.
La segunda de las datas mayas describe, aparte de otros fenómenos astronómicos,
el orto heliáctico de Marte, cuando 56 días después de
la conjunción con el Sol fue visible (observable) brevemente en el
cielo matutino antes de la salida del Sol. Por el contrario, el ocaso heliáctico
representa el instante en el cual el planeta, por última vez tras la
puesta del Sol, se ve bajo en el horizonte occidental para desaparecer como
el Sol después de algunas decenas de días. Se halla en la conjunción.
Queda evidente, que los ortos y ocasos de los planetas no pueden fijarse con
la precisión de un día, pese a tratarse de fenómenos
cíclicos regulares, porque se debe a la situación existente
en la atmósfera. En consecuencia de observaciones efectuadas durante
muchos a os, es posible determinar con bastante precisión, utilizando
este método, la duración de revoluciones sinódicas de
los planetas. Una serie de datas mayas indicadas en el Código se refiere
precisamente a la observación de ortos y ocasos heliácticos
de planetas, ente todo de Júpiter y Saturno.
Algunas datas en el Códice de Dresden tienen que ver con las conjunciones
de planetas. Siempre se trata de un espectáculo interesante, cuando
se encuentran dos astros celestes en sus trayectos. A base de algunos resultados
de observaciones, eventulmente cálculos hechos por los astrónomos
mayas, a veces se trataba más bien de un máximo acercamiento
de dos planetas. Indicamos sus valores en la eclíptica en grados de
aparente ascención geocéntrica recta de la cual queda clara
su proximidad. En la página F 45 (D 74) figuran dos datas entre las
cuales queda marcado el intervalo de 30 días.
A) 1 278 420 días (13 de octubre de 491)
- 30 días
B) 1 278 390 días (13 de septiembre de 491) - Conjunción de
Júpiter (307,66o) con Saturno (307,02o).
A la fecha B, en la que se produjo la conjunción, se le suma la constante
de 29 120 días. En el Códice queda subrayado cómo había
sido creada. Se trataba de una sucesión de productos progresivos -
2 x 364 hasta 80 x 364. Esta constante comprende 73 revoluciones sinódicas
de Júpiter y 77 revoluciones sinódicas de Saturno. Es uno de
los períodos cuando, tras 80 a os, se repite el acercamiento de ambos
planetas en el cielo. Y realmente, 29 120 cías después de la
fecha B), o sea el 5 de junio de 571, se produjo el acercamiento inferior
a 5o. También sucedió al contrario, a saber: 29 120 días
antes de la fecha B), o sea el 22 de diciembre de 411 se produjo el acercamiento
de ambos planetas a 1,2o.
En las páginas F 51 - 52 (D 30 - 31) hay seis datas mayas que podemos
dividir en dos grupos. El primero se refiere a la observación de la
revolución sinódica de la Luna y del eclipse de Sol.
1 412 848 días (29 de octubre de 859)
- El eclipse anillar del Sol. Alcanzó su máximo a las 17 horas
19 minutos del tiempo efeméride de longitud 78,79o oeste y latitud
2 norte. Encima de la región maya con el centro a proximadamente en
longitud 90o oeste, ese máximo fue visible a las 11 horas 19 minutos
de hora local y fue posible observar casi todo el transcurso del eclipse.
Luego a esta fecha se le suman efemérides de eclipse.
1 412 863 días (13 de noviembre de 859) - La Luna llena.
1 412 878 días (28 de noviembre de 859) - La Luna nueva.
El segundo grupo de datas describe la conjunción de Venus con Marte.
En grados queda indicada su gran proximidad en la eclíptica.
1 578 988 días (10 de septiembre de 1314)
- Conjunción de Venus (187,99o) con Marte (197,76o)
1 434 748 días (14 de octubre de 919)
- Conjunción de Venus (215,48o) con Marte (214o)
1 268 808 días (19 de junio de 465)
- Conjunción de Venus (70,05o) con Marte (57,04o). Solsticio de verano.
La data maya de 1 434 748 días puede ser considerada como actual, cuando
era directamente observado el acercamiento tan estrecho de ambos planetas
en 1,5o. Las dos datas siguientes se derivan de ella, uno hacia el futuro
(395 a os) y otro hacia el pasado (454,3 a os). Por esta razón existe
una mayor distancia angular entre los planetas observados. Desde el punto
de vista de la astronomía contemporánea resulta más preciso
hablar sobre su acercamiento. Los astrónomos mayas calculaban solamente
con números enteros y por ello surgían ciertas incorrecciones
en los cálculos de los fenómenos astronómicos para lapsos
de tiempo más largos. Lo mismo puede decirse de la utilización
de algunas tablas numéricas que acompa an las datas mayas en el Código.
Con ayuda de ellas, los fenómenos astronómicos que se repiten
en ciclos pueden calcularse para siglos enteros, pero con un error cada vez
creciente.
El Códice de Dresden contiene otras series de datas y tablas mayas
que describen fenómenos importantes ocurridos en el cielo, en cuyo
sistema hemos penetrado. Se trata sobre todo de ortos y ocasos heliácticos
de los planetas y sus conjunciones, o se trata de seguir la duración
del a o trópico en el lapso de hasta 34 000 anos. Esta escritura notable
representa un documento importantísimo sobre la capacidad intelectual
de los mayas que lograron crear una de las culturas más avanzadas y
dignas de atención en el continente americano.