Feliz día del maestro

El maestro logra el desmoronamiento de las limitantes mentales que como sociedad tenemos. Nos obliga a contemplar lo que puede crearse e impulsa la creación de nuevos fines.

Por: José Miguel Argueta
Estas líneas son breves, sencillas y sinceras. Van dirigidas a ennoblecer aquello de bueno que se encuentra en la labor de un maestro. Recuerdo una nota autobiográfica del doctor Héctor Neri Castañeda quien destacó en el mundo académico internacional con la creación de su teoría de los objetos físicos.
Él decía que la experiencia más traumatizante de su vida era haber reprobado el cuarto de primaria. Sin embargo, al escuchar a un maestro no tanto lo que decía sino cómo lo decía lo llevó a crear toda una teoría mundialmente reconocida y valorada.

Quizá muchas de las cosas que los maestros dicen no fructifican en la forma y rapidez que todos queremos. Sin embargo, esas ideas convenientemente sembradas se acrisolan y envuelven todo lo maravilloso de la vida que vale la pena y merece vivirse.

Para mí el mejor homenaje que pueda hacer a todos mis maestros se resume en cuatro expresiones de la labor que el docente hace día a día. Estas expresiones contienen todo aquello que es posible cambiar el mundo. Son el punto de apoyo que Arquímedes necesitaba para mover el mundo.

Primero, lo que todo maestro logra con su enseñanza es hacer desprender a esa persona de sus miedos, de la impotencia que genera el ver que otros alcanzan cosas que para unos parecen tan imposibles y tan distantes. El maestro posee en lo que enseña un enorme potencial económico, político y ético. Es el arco que al tensarse con la flecha permite que ésta llegue mas allá de lo que llegaría una generación confiada en sí misma.

Segundo, el maestro logra interesar a una familia que ve en cada uno de sus miembros las mejores posibilidades. Sin embargo, la frustración, la resignación y las privaciones que los padres han tenido levantan un muro de ineficacia hacia el futuro y silencian el éxito de sus miembros.

Inexorablemente el maestro se yergue sobre ese muro esperanzadoramente mudando todo tipo de dudas y conduciendo con pasos firmes los caros anhelos que muchas veces se truncan dentro del seno de las familias.

Como tercera idea, el maestro logra el desmoronamiento de las limitantes mentales que como sociedad tenemos. Nos obliga a contemplar lo que puede crearse e impulsa la creación de nuevos fines. Muchas veces políticos, economistas, sociólogos no saben hacia donde orientar consistentemente las opciones de su vida.

El maestro, superando los vacíos de sentido, se aferra a los valores y el respeto por las normas obligando y forzando siempre un cambio de mentalidad que conduzca a la acción.
Como conclusión y como cuarta expresión, el maestro logra que lo que llamamos occidentalización, mediatización, no sucumba ante el terror de repetir constantemente lo mismo sea por mediatizaciones de corrientes ideológicas desde todos los ángulos, de izquierda o de derecha que conducen a un eterno retorno a lo mismo vaciando deseperadamente toda condición de éxito en la vida.

En suma, el maestro logra con su cotidianeidad lo que no logran padres, hermanos, amigos, políticos, economistas, sociólogos, estadistas, etcétera. El maestro logra comprometerlo a uno consigo mismo y esa es la fortaleza moral que mantendrá viva a Guatemala. Feliz Día del Maestro para todos los que se dedican a la maravillosa tarea de enseñar.